Tal día como hoy, hace 3 años y 1 mes
Quería besarla, y no me atrevía.…
Quería besarla, y no me atrevía.…
No sólo son los lugares los que nos traen recuerdos y apuntes de urgencia a la cabeza. También los movimientos, los gestos, ciertas personas que nada tienen que ver nosotros nos hacen saltar de repente a otro tiempo. Por ejemplo, si hoy apoyada en la barandilla de mi terraza en Sitges, tomando un té, veo a dos señoras mayores (mis vecinas del entresuelo) caminando cuesta arriba del bracete, es inevitable que piense en mi abuela y en la Adora (como siempre llevó un “la” delante, nunca supe si llamaba “Dora” o “Adora”) paseando juntas por la carretera hasta la cueva. Y si las señoras de antes llevan una bolsa de la compra, también me traslado a cuando mi abuela me daba un capazo azul muy oscuro y me mandaba al… Continuar la lectura...
(Extracto de “El cuento de nunca acabar” de Carmen Martín Gaite, cómo no)
Es fundamental el escenario que propicia y hace revivir las narraciones. Hitos de tiempo. Ponerlos de acuerdo y entrañarlos con el lugar desde el que se produce la evocación hace nacer el apunte de urgencia. Sin arraigo, sin ámbito situaciional, no surgirían los recuerdos ni el deseo de recogerlos. [...] A mí eso me pasa mucho en los autobuses, cuando voy de recados, afanosa, distraída, y de repente una esquina cualquiera de una calle se pone a dispararme, al mirarla, escenas superpuestas y aglomeradas de mi paso por allí en otras ocasiones. [...] La ciudad transitada tantas veces es un itinerario de narraciones que se hojaldran. Aunque vayamos pensando en otra cosa, opera de fondo la… Continuar la lectura...
Echo de menos escribir. Llueve y no me duermo. A veces este piso parece un barco al borde del naufragio. …
Muchas veces paseaba en círculos alrededor de un punto conocido al que no terminaba de acercarme del todo. Podía ser el piso donde vivía una amiga o la biblioteca donde trabajaba otra. Eran lugares seguros a los que podía acudir cuando mi casa se hacía demasiado grande o demasiado pequeña (o tal vez era yo la que cambiaba de tamaño). Sin embargo, me daba miedo desgastarlos y tampoco quería mostrarme así de perdida ni aferrarme a ellos como última salvación. Prefería que los lugares llegaran a mí, y no yo a ellos.
Daba tres pasos adelante, cuatro atrás, esperando. Entraba en una tienda, compraba una bolsa de patatas, me entretenía mirando un árbol. Esperaba. Muchas veces me volvía a casa sin que pasase nada. Ni siquiera arrastraba ninguna culpa… Continuar la lectura...
Mi guapa vino a pasar la Nochevieja conmigo en casa de mis padres y he de decir que salió muy airosa y que están encantados con ella. Recojo aquí varias frases míticas de mi guapa durante estos días:
Noche 1. 28 de diciembre.
“Nena, no sabía que tu madre tuviera una katana”
Día 3. 30 de diciembre.
“¿En Vitoria nunca sale el sol?”
Día 4. 31 de diciembre.
“No me deis más de comer por favor” (tuvimos que comer fuera de casa para evitar que mi madre nos pusiera cantidades ingentes de comida y poder así llegar en condiciones a la cena).
Mi madre mientras tanto comenta en el desayuno: “esta chica me come como un pollito”, a lo que mi guapa responde: “será como un pollito rechoncho”… Continuar la lectura...
Hace mucho tiempo, entrevisté a Cristina Peri Rossi. La entrevista original tenía unas 5.000 palabras, pero por imperativo editorial de la revista donde iba a ser publicada tuve que reducirla a una versión de 1.800 palabras, que es la que finalmente vio la luz. Cuando en el 2006 mi disco duro decidió decir adiós a este mundo, una de las pérdidas que más lamenté (casi más que el original del libro “De otro planeta”) fue la transcripción original de la entrevista, con unas 6.000 palabras. Intenté localizar la cinta donde la había grabado, pero se la había devuelto a Amaia (la encargada oficial de las entrevistas de Consumer) y ella seguramente había grabado encima. Así pues, aquella tarde, aquella conversación, todas aquellas palabras estaban irremediablemente perdidas.
Esto me pasa por parecerme a mi madre. Resulta que allá por abril de este año me enteré de que había una promoción de Hornimans por la que si enviabas 8 códigos de barras de sus cajitas de tes o infusiones, te regalaban un hervidor de agua. Como yo no tenía, y el que venía en la foto era muy chulo, y además, era gratis (sólo pagabas 4 euros de gastos de envío), estuve semanas coleccionando y recortando los códigos de las cajitas, también las de mis compañeros de trabajo en la oficina, y las de los Infurelax de mi guapa. Para cuando envié los códigos, ponía en la web que los hervidores se habían acabado, así que los envié con una nota que ponía: “si no quedan hervidores, quiero… Continuar la lectura...
Pues eso, que hace ya tiempo que quería un hervidor de agua, un aparato muy práctico que en Inglaterra no falta en ninguna casa, pero que aquí parece una cosa extrañísima. Ya había encontrado el modelo que quería (pequeñito, azul y con la resistencia oculta) pero sólo estaba de exposición en una tienda y no me lo querían vender. Después estuve meses buscando ese modelo y nada, pero ayer por fin en una tienda de esas de barrio de toda la vida encontré uno que era de marca diferente pero exactamente igual y más barato, así que me lo llevé tan contenta.
[...]
A mí me pasa con las ciudades; en su día supe que Canterbury forma parte de mi destino, incluso mucho antes del año de erasmus; ahora siento también que Barcelona es parte de mí, aunque yo jamás había pensado visitar esta ciudad, y si lo pienso bien, Canterbury es el camino que me ha traido a Barcelona. Si allí no hubiera estudiado cine documental, nunca habría venido aquí para seguir esos estudios (más otra serie de extrañas coincidencias).
Tengo un profesor que se ríe de todo este “sentimiento trágico de la vida” y dice que no es más que la necesidad de narrar inherente al ser humano la que nos hace pensar y narrar nuestra vida como si todo formara parte de un plan predeterminado (como una… Continuar la lectura...
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