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Posts Tagged ‘vida rara’

El legado de la memoria

July 12th, 2010 editora 7 comments

“”Anita, ¿qué hago con el legado de la memoria?” Ésa fue la última pregunta que, poco antes de morir, Carmen Martín Gaite le hizo a su hermana”. Lo citan casi todos los medios donde se habla de la publicación del tercer tomo de las obras completas de Carmen Martín Gaite (odio las palabras “tomo” y “obras completas”, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión).

El caso es que el día que en que España ganó el mundial de fútbol, sin que lo uno tenga que ver con lo otro, y sirva sólo para fijar la fecha en la memoria, yo me decidí a hacer algo que hacía tiempo que tenía pendiente: llamar a Ana Martín Gaite, y citarme con ella, precisamente, para poner una primera piedra en la conservación de la memoria.

Historias del tren

April 20th, 2010 editora No comments

Venía absorta escribiendo sobre mudanzas y viajes, utilizando el libro “La passió segons Renée Vivien” como soporte, con una caja redonda de galletas de mantequilla sobre las rodillas. De repente tenía delante de mí una señora mayor de aspecto extraño debido a que no tenía dientes y llevaba un parche en el ojo. “¿Me puedes dar una?”, ha dicho mientras señalaba la caja de galletas. Mi cara de sorpresa ha debido de ser mayúscula. “Si hace falta te la compro”, ha continuado. “No, no es eso, es que está vacía…”, le he respondido. Una mujer al otro lado se ha unido a la conversación: “¿Se la puedes enseñar?”. Lo he entendido todo cuando he visto el niño pequeño que no dejaba de mirar mi caja de galletas al que se refería la segunda mujer. “Es que su abuela siempre le da de estas pastas y al verte a ti se ha empeñado y no para quieto…”. Me he reído y para mostrarle al niño que la caja estaba realmente vacía, la he abierto y me la he puesto de sombrero.

La casa de Carmen Martín Gaite, El Boalo

November 13th, 2008 editora 4 comments

 Elenita me acaba de enviar las fotos que sacó el día en el que nos encontramos a Ana Martín Gaite en el autobús y nos invitó a enseñarnos su casa. De dentro no sacamos ninguna foto, estas son de la finca a la que pertenece la casa, y la última soy yo con la hermana de la Gaite. Están hechas con el móvil, así que no tienen demasiada calidad…

Árboles de la finca. Ana se disculpaba todo el rato porque habiamos llegado justo después de que los podaran, y no los veiamos en su máximo explendor

Árboles de la finca. Ana se disculpaba todo el rato porque habíamos llegado justo después de que los podaran, y no los veíamos en su máximo explendor

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Parte trasera de la casa de Carmen Martín Gaite en El Boalo, Madrid

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Dólmenes y menhires que la Gaite colocaba a su gusto frente a su casa

 

 

Más paisaje alucinante junto a la casa de Carmen Martin Gaite

Más paisaje alucinante junto a la casa de Carmen Martín Gaite

 

 

Ana Martin Gaite y la editora con carrito, diciéndonos "lo raro es vivir"

Ana Martín Gaite y la editora con carrito, diciéndonos, "lo raro es vivir"

Lo raro es vivir

October 27th, 2008 editora 12 comments

“Estoy en Madrid. Acabo de volver de El Boalo”. Éste debería haber sido el inicio de este post, si hubiera podido escribirlo “en directo”, pero ahora estoy ya en Barcelona, así que contaré la historia en su orden cronológico.

El viernes por la noche fui a Madrid para poder asistir el sábado a una conferencia en Medina del Campo, que daba Guillermo Arróniz, amigo y colaborador de Iguazú, con el peculiar título de: “César Borgia en Medina del Campo. Su huida del Castillo de la Mota”. La conferencia tuvo lugar en un marco único, en el dormitorio donde Isabel la Católica firmó su testamento, en el que se conservaban todos los muebles de la época, y Guillermo estuvo genial.

Pero volviendo al viernes, cuando ya iba camino de Madrid, se me ocurrió de forma repentina que podría aprovechar el finde para visitar El Boalo, el pueblo donde está la casa familiar de Carmen Martín Gaite y donde está enterrada. Hace mucho tiempo que he querido hacer esa visita, pero en ese momento lo sentí casi como una necesidad ineludible. El sábado por la noche (momento en el que además por fin conocí en persona a una de mis cuatro míticas comentaristas), ya sabía que había autobuses cada hora a El Boalo y que la comunicación con Madrid era muy buena, así que decidimos (las amigas en cuya casa me quedaba y yo) que iríamos de excursión con unos bocadillos a pasar el día y a ver aunque fuera desde el exterior la casa de la Gaite. Nuestro plan era coger el bus de las 11 de la mañana, pero nos lo tomamos con tranquilidad y entre una cosa y otra tuvimos que correr por el metro y por la estación para poder llegar al de las 12.15. Tuvimos muchísima suerte, porque el autobús salía tarde y así lo pudimos coger. Elenita comentó en ese momento “Nuri, ¿te imaginas que alguna de las viejecitas que hay aquí sentadas sea la hermana de la Gaite?” y yo, entonces, me fijé un una y le respondí “pues hay una que se le parece mucho, pero tampoco estoy segura”. La señora en cuestión se había sentado en el primer asiento y nosotras nos fuimos hacia la mitad del autobús y desde allí la estuvimos vigilando durante todo el trayecto, con la idea de que si se bajaba en “El Boalo” (que era la última parada) tenía muchas papeletas de ser ella. Justo antes de que el autobús abriera las puertas en este pueblo, me acerqué al conductor (y a la señora en cuestión) para preguntar cuál de las dos paradas quedaba más cerca de la casa de Carmen Martín Gaite. La señora hizo un gesto de reconocimiento y yo le dije “Usted es Ana Martín Gaite”, a lo que ella contestó que sí, con un movimiento de cabeza.

Nos bajamos juntas y se ofreció a enseñarnos toda la casa, desde la piscina y el terreno que la rodea, hasta el piso de abajo que era en el que ella vivía, y el de arriba, en el que vivía la Gaite. Cada paso y cada detalle que nos explicaba nos sobrecogía, nos sentíamos testigos excepcionales de un universo mágico. Al salir nos comentó que ella en realidad no vive en la casa de El Boalo, sino en Madrid, y que además, la habían operado de unas muelas el viernes y que incluso el sábado lo había pasado en cama con fiebre, pero que el domingo (el día en cuestión) se había levantado con la necesidad repentina de ir a la casa, y que como llegaba tarde al bus de las 12.15, había tenido que coger un taxi para poder estar a tiempo.

Le comenté entonces que yo también había decidido mi visita a última hora, que no entraba en nuestros planes coger el autobús de las 12.15 y que era increíble que hubiéramos coincidido en ese autobús, sobre todo cuando tampoco ella tenía previsto ese viaje. Nos miramos citando a la Gaite: “lo raro es vivir”.

Como le dije a Ana, definitivamente, Carmen nos está guiñando el ojo, aún no sé por qué, ni para qué, pero lo está haciendo.

pd: Ana Martín Gaite es una abuelita activa y encantadora, fue amabilísima con nosotras, nos mostró fotos de sus padres, fotos de Carmen que yo había visto en los libros de literatura, se disculpó por no poder ir a comer con nosotras (le empezaba a doler mucho la muela), abrió un baúl y nos ofreció que cogiéramos el libro que quisiéramos (Elenita y novia fuero muy formalitas y rechazaron el ofrecimiento, pero a mí me faltó tiempo para abalanzarme sobre el baúl y ponerme a rebuscar entre los ejemplares, hasta que al fondo del todo encontré “La Reina de las Nieves” en una edición igual a la primera que yo empecé a leer -y que fue la que inició toda mi historia con la Gaite- y le pregunté si me lo podía llevar, a lo que contestó que no había ningún problema. Una visita increíble sin duda. Me dio su dirección de Madrid y le escribiré para agradecérselo.

* En este artículo se puede leer algo más sobre mi relación con Carmen Martín Gaite:
Tamaño Nuria: Releyendo a la Gaite

Un fragmento del libro “Lo raro es vivir”:

 

“Es que todo es muy raro, en cuanto te fijas un poco. Lo raro es vivir. Que estemos aquí sentados, que hablemos y se nos oiga, poner una frase detrás de otra sin mirar ningún libro, que no nos duela nada, que lo que bebemos entre por el camino que es y sepa cuándo tiene que torcer, que nos alimente el aire y a otros ya no, que según el antojo de las vísceras nos den ganas de hacer una cosa o la contraria y que de esas ganas dependa a lo mejor el destino, es mucho a la vez, tú, no se abarca, y lo más raro es que lo encontramos normal.”